Alejandro Rivas.

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Señala que «No volvería a elegir emigrar», mientras esperaba a que llegara la gente a la hora del almuerzo a su pequeña pizzería cerca del centro de Caracas. Rivas, de 34 años, regresó el año pasado de la República Dominicana, donde también regentaba un restaurante, y abrió «Mamandini» en diciembre, junto con tres socios.

Luego de superar el tipo de retos que supone invertir en una economía en crisis -como tener que reconstruir la acera en ruinas frente al restaurante-, Rivas se ha visto gratamente sorprendido por sus ventas de pizza, platos de lasaña  y pasta. Sus clientes no son gente de la alta sociedad, sino obreros que de repente pueden permitirse gastar 5 dólares en una comida.

Esto era impensable cuando Rivas se fue en 2015. Sin embargo, unos años más tarde, Maduro dio uno de los mayores pasos en su impulso reformista: adoptar el dólar estadounidense como moneda no oficial del país. Hoy en día, más personas cobran en dólares y la mayoría de las transacciones se realizan con moneda estadounidense.

La dolarización ha desempeñado un papel crucial para frenar la hiperinflación y ayudar a restaurar parte del poder adquisitivo que los trabajadores han perdido.

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